Biografía

Nací en Guayaquil, el 31 de agosto de 1957. Mis padres son Hugo Idrovo Vicuña (Manglaralto, 1926) y Carmen María Pérez Ortiz (Vinces, 1931). Soy el primero de siete hermanos, Jorge, Titi, Fernando, Gustavo, Jula y Carlitos. Y dos hermanas por parte de padre, Verónica y Carla. Tuve una infancia feliz, llena de amor y pasión por el dibujo y la aviación. Mis momentos ideales eran andar junto a mi viejo en las bases aéreas y volando con él, las vacaciones las pasaba con mis primos y hermanos en las playas de Manglaralto, Cadeate, Montañita, Olón. Volar a Quito con mi viejo me fascinaba, era una delicia contemplar tanta diversidad de paisajes desde la cabina de los lentos bimotores Douglas C-47. Una vez en la azul capital, el frío, los potreros y quebradas y el aroma de las hogueras de hojas de eucalipto que me llegaba desde la distancia dominaban mis sentidos.

En casa siempre había música saliendo de una enorme radiola Grundig. Por afición de mi padre escuchábamos a Los 5 Latinos, Elvis Presley, Jerry Lee Lewis, Ray Charles. Y por mi madre, los pasillos y boleros de Benítez y Valencia, Cuco Sánchez, Roberto Ledesma, Bobby Capó. Yo cantaba con mi raqueta de bádminton imitando a mis ídolos de la nueva ola local, Milton Ray, Fernandino, Paul Sol. Éramos una típica familia de clase media, en buen vecindario y frecuentes viajes a otros países. Me encantaba ir al Urdesa School, mi escuela vecina en Guayaquil; sin embargo, cuando tenía 8 años y habíamos vuelto de vivir un año en Brasil, sin saber por qué me cambiaron al Instituto Particular Abdón Calderón. Fue traumático. Cada vez que paso por delante de su abandonado edificio de la Avenida de las Américas siento lo peor.

En 1968 entré al Colegio Javier, de curas jesuitas. Allí me encontré en serio con las artes y las ciencias sociales. Y estas llegaron de mano de la contradicción pues yo había vivido preparándome para ser aviador como mi padre, pero no militar sino piloto civil de acrobacia. Estaba impaciente, así que apenas cumplí los 15 años mi papá hizo trámites para mi ingreso al Aero Club del Ecuador y ahí me cayó el hacha. No logré superar ninguna de las pruebas visuales más exigentes y tuve que olvidar mi sueño de volar.

Me volví huraño y solitario, pasaba encerrado en mi cuarto, leyendo y armando aviones a escala. Andaba casi siempre de mal genio y tan antipático que mis hermanos me apodaron “el ogro”. Perdí interés por los estudios y repetí el cuarto año en el colegio. Para consolarme, mi madre me regaló una guitarra española que aprendí a tocar con el telegrafista de Manglaralto. A mediados de 1974, mientras andaba por el guayaco barrio de Mapasingue haciendo censo de población, un pelado que estaba trepado en un árbol me invitó a fumar mariguana. La yerbita me sacó del mundo frustrado en que vivía, amplié mi círculo de amistades en la vida y me entregué a pintar, dibujar plumillas y componer mis primeras canciones. Descubrí que podía hasta bailar sin importarme lo que digan los demás. Me reencontré con la alegría y repetí el quinto año en el colegio.

En las vacaciones de 1975, mi abuelita Carmela me regaló una linda guitarra acústica y heredé de un tío melómano más de cien discos de blues, rock y salsa neoyorrican. Así fue que una tarde sin avisar a nadie en casa me escapé a la aventura. Me fui a Quito y me uní a una movida artística juvenil rebosante de música, conciertos, conciencia política, teatro, creatividad, pintura y sicodelia hasta que mi santa madre me encontró y me llevó de vuelta a Guayaquil. Con tanta rumba jipi, sin saberlo andaba yo con hepatitis.

De vuelta en el Javier pude convencerme que la educación católica en entorno masculino no era para mí y me las arreglé para hacer el último de bachillerato en un espacio que amaba y conocía muy bien, el Urdesa School, ya para 1976 rebautizado Colegio Urdesa. Mis primeros dibujos a plumilla los expuse y vendí en julio de ese mismo año en el porteñísimo Barrio Las Peñas y con Julio César Ñañón Jurado tuvimos un dúo de vida corta llamado Oblio, descargando un repertorio acústico de covers en inglés. Cumplí 18 años y la vida se me abría con valor y sentido, llevándome hacia la música y el arte. Entonces, cuando apenas tenía escritas unas diez canciones, me invitaron a tocar en una kermés del Liceo Panamericano y por primera vez canté lo mío, de principio a fin. De allí un amigo me llamó a integrar como refuerzo al grupo del Javier y ganamos un Festival Intercolegial de Música. ¿Cómo olvidar 1976?, ese año me gradué de bachiller, asumí el oficio de cantautor y mis padres se separaron y se divorciaron.

Juan Carlos González era el amigo que me invitó a sumarme al grupo con el que ganamos aquel Festival. Por los siguientes 3 años -mientras fui estudiante de Arquitectura en la Universidad Católica de Guayaquil- mi relación creativa con González, creador de Esta Historia no es de Risa, gran guitarrista y sensible compositor, fue vital para mi formación como músico. Lo mismo digo de Eduardo Flores, el creador de Amigo Trigo, fascinante cantautor y buen amigo a quien también frecuenté entre 1977 y 1979. Los tres llegamos a tocar juntos, aunque apenas tuvimos un puñado de presentaciones de debut y despedida pues para comienzos de 1980 González se había cambiado a Quito y Flores emigraba a Alemania. Yo dejé la U y me fui para el Perú.

A mi vuelta a fines de 1980, comprobé que mi ciudad no correspondía para nada a mis afanes y me mudé a la capital. Con González compartimos meses de buenas canciones y Quito volvió a darme tiempos y amigos increíbles que hasta hoy conservo. Hacia 1981 González y yo teníamos un trío con un chileno pero nunca me sentí encajar en ese experimento. Para sanar mis dudas y desvelos, una mañana de un día en que por la noche íbamos a actuar en el Teatro Universitario de Quito, teloneando al grupo chileno Illapu, hice un ritual de amor a la Pachamama con un san pedro que yo mismo había cortado y preparado. El espíritu de la plantita me aconsejó no presentarme en ese recital y dejar que mi trío salga como dúo. De todas maneras de curioso fui, me senté entre el público en la única silla libre que había en la sala y me hice amigo de la chica que a mi lado estaba. En medio de la conversa y el concierto el mezcalito me jaló fuera del teatro a caminar sin rumbo fijo por las calles frías y neblinosas hasta que de pronto, en medio de la nada, apareció un viejo camarada a quien no veía desde hace años, Héctor Napolitano, Napo. Nos fuimos a charlar hasta amanecer y con el sol salimos a visitar a esta chica de melódico nombre, Dominique Fall, que horas antes había conocido en el teatro. Dominique nos recibió y presentó a su novio músico, un rubio jovencito llamado Alex Alvear. Hicimos liga más rápido que patada de chancho. Ese increíble cambio en mi vida, ese encuentro y reencuentro se lo debo al amor universal, a la madre tierra y a la voz del corazón. ¡Cuánta gratitud!

El Quito de comienzos de 1982 era tranquilo, amigable, sin el horrendo berenjenal de tránsito y contaminación de este tiempo. Las noches musicales eran intensas y variadas, con escenarios siempre llenos de gente animada y generosa. Napo y Alex andaban embalados con un repertorio de covers con el que les iba muy bien. Sin embargo, a mí me fue imposible encontrar trabajo como cantautor y pasaba mis días insistiendo en hacer canciones a punta de tabaco, café y maíz tostado, dibujando y pintando para sobrevivir. La cosa llegó al límite, así que antes de caerme muerto en la vereda decidí irme a Guayaquil a recargar la batería.

PROMESAS TEMPORALES

Estuve en Guayaquil el tiempo suficiente para recuperarme, reunir algo de plata y organizarme un viaje a Nueva York. Me urgía cambiar de aires. Tomé una buena decisión pues memorable fue esa pasantía; arte y música a millón, metido en cada exposición, museo o concierto posible para sacarle las mejores gotas al jugo de la gran manzana. Tocaba mis canciones en espacios públicos de NYC y pintaba óleos y murales para italianos residentes en Springfield, New Jersey. En fin, la tierra llamó y en octubre de 1983 volví a Guayaquil, donde apenas llegar me junté con los artistas plásticos Xavier Blum y Mauricio Suárez-Bango para hacer instalaciones multimedias itinerantes, la última de las cuales fue en Quito. Allí desembarqué con hermosos instrumentos, canciones nuevas y la intención de formar con Napo y Alex una poderosa banda con obra propia. Con ella intentaríamos pegarle bajo al criterio dominante entre el público del país, que en su mayoría obligaba a que sus músicos interpretasen solo lo que estaba de moda o pegando en la radio.

Promesas Temporales nació en noviembre de 1983 -puse el nombre al grupo por el título de una de mis canciones escritas en Nueva York, aunque también pesaba mucho la maldad de los gandules que no querían ensayar o no llegaban a la hora-. La banda original la formé con Napo y Alex, junto a Fernando Albornoz en la flauta traversa, Carlitos Cuenca al cello, Fernando Pinto en clarinete, Fernando Valverde a la batería, Jorge Caballito Gómez y Fabio Segura en percusión latina. Esta estructura duró poco. Debutamos 2, 3 y 4 de enero de 1984 en el Teatro Prometeo de Quito. No celebramos ese Año Nuevo, pasamos la fiesta ensayando.

A mediados de 1984 la banda tomó su formación definitiva: Hugo, Napo, Alex, Dany Cobo en viola y violín, Winfried Chelo Schael en flauta traversa y David Gilbert en la batería. Apoyaban con la percusión Alonso García-Miró y Fernando Pájaro Zedeño. Pregonábamos de hacer Canción Experimental Ecuatoriana, pues al término Fusión aún no lo teníamos resuelto. Pronto rechazaríamos también cualquier encasillamiento.

Con Promesas Temporales hicimos rock, ritmos afrocaribeños y la recreación de aires típicos andinos con instrumentos y arreglos para nada tradicionales, con largos solos de viola, violín y guitarras eléctricas creando atmósferas muy aparatosas. Una de las más célebres frases que alguien del respetable nos lanzó en pleno concierto fue “¡alienados, imperialistas, eso no es folclor!” Sin embargo, nos exigíamos muchísimo en los ensayos y nunca desatendíamos lo escénico, “músico es coreografía”. También reivindicábamos a nuestras chicas, “es deber del compañero tomar la posta”. Lo que hicimos durante los dos intensos años siguientes  fue resultado del rigor, la persistencia y la unión. Vivíamos en Guápulo, bajo el mismo techo y nos quisimos como hermanos. Estábamos siempre juntos, compartiéndolo todo “el secreto de la felicidad es compartir”, jama, plata, caleta, chusos, hembras y cachina. La yunta está hecha hasta la muerte.

En febrero de 1985 conocí a la mujer de mi vida, Rocío Bermeo Ponce, la maestra Roscoe. Ese amor venía por partida doble, Rocío tenía un hijito de 6 años, Nicolás, y con él inicié mi aprendizaje como papá. Rocío y yo hemos parido a Lorenzo (6 de julio de 1986), Raquel (18 de febrero de 1988-12 de abril de 1989), Federico (25 de enero de 1990) y Tobías Valentín, Toto (13 de febrero de 1993). Nico tiene dos preciosas niñas, nuestras nietas Violeta y Esmeralda. Lorenzo y María Cristina López, Cricri, tienen a Renato, nuestro nietito.

Así fue que a mediados de ese 1985 conseguí modos y medios para la grabación y edición del LP Promesas Temporales, que salió en marzo de 1986, En  éste también se incluyeron canciones de Juan Carlos González y Eduardo Flores pues ellos eran parte de nosotros. Todo iba muy bien pero el Ecuador estaba en manos del gobierno de León Febres-Cordero, que nos acechó y estigmatizó como “subversivos”. Fueron aciagos años de corrupción institucionalizada, represión, desapariciones, torturas y crímenes de Estado. Un mediodía de diciembre de 1986 Alex fue secuestrado por comandos militares en media calle quiteña. Gracias a que pudo gritar su nombre y alertar a los transeúntes mientras era sometido a la fuerza, nosotros supimos qué hacer. Tuvimos mucha suerte, conseguimos que fuera liberado y regrese sano y salvo a su hogar. Una semana después de su rapto, haciendo uso de su doble nacionalidad, estaba rumbo a Boston, EE.UU. Alex era irremplazable. Para la banda se había acabado la llama, el tiempo y las promesas.

ARCABUZ

Pero el show debía continuar, el final de Promesas Temporales no debía doler tanto como provocaba. Mi música dedicada al pueblo afroecuatoriano y que formaba parte del último repertorio del grupo, tenía que por lo menos grabarse. Fue así como a fines de 1987 invité a Napo a sumarse al proyecto de mi LP Arcabuz.

Con Napo tenemos una parcería vieja que viene desde adolescentes. Como jefe que es, yo seguía su vida artística sea con su banda Los Apóstoles o en los festivales de música colegiales, donde había que disputarse o expresarse. Mi comunicación con él siempre ha sido fácil, somos del barrio de la triple G: guasos, gozadores y guayacos. Como decía, Napo conocía el embrión de un largo tema musical mío llamado Arcabuz, que tenía 4 movimientos que narraban la historia de la llegada de los africanos al actual territorio del Ecuador.

Si bien yo ya tenía a mi musa, Napo también tenía a la suya, Mónica, la dama que luego daría a luz al bello niño Bastián Napolitano Baca. Ella, conmovida por una sorpresiva temporada de responsable y tierna actitud de su disoluto consorte, en la navidad de 1987 le había regalado una novedosa maquinita que llevaríamos al estudio para descubrir sus secretos: un controlador midi Roland GX-1 y GM-70 con módulo de sonidos Yamaha TX81Z y BB40, que convertía a la Fender Stratocaster de Napo en una guitarra sintetizador. Entramos a grabar a principios de 1988.

La grabación y mezcla de los cuatro temas de la cara B del disco resultó regalada, no así con el tema Arcabuz, que alcanzó 17 minutos y 40 segundos de duración. En esos días el máximo de tiempo que entraba en un lado de un disco de vinilo de 33 RPM era 18 minutos, así que la obrita de la cara A resultó ser una verdadera prueba de precisión. Eran los tiempos previos a la aparición en el Ecuador de verdaderos productores e ingenieros de sonido; los músicos lo hacíamos todo, en un medio suntuosamente análogo. Durante el proceso de mezcla trabajábamos sobre la consola a cuatro manos, a veces seis, con más de un instrumento en el mismo canal, y si en el proceso te distraías o equivocabas un mínimo -sea en nivel de volúmenes, ecualizaciones, tiempos de fade out o fade in, inserción y salida de voces, coros o efectos, pues compadre ¡a empezar todo de nuevo! Después de mil trenzadas de cuernos terminamos el 15 de junio de 1988. Sería la primera producción que Napo y yo hiciéramos como la linda pareja que a veces resultamos ser y desde allí es que los dos nos enganchamos de verdad. Arcabuz resultó un disco inédito en el ámbito de la canción popular del Ecuador, bien recibido pero para nada comercial ni radiable. Aprendería bien esta lección.

RECUERDA A LENNON

Hacia agosto de 1990, superados un par de años de vida y muerte en nuestra vida familiar, de mucha música, la publicación de la revista de cómics Secreciones del Mojigato, exposiciones y la pintada de un par de murales, Napo y yo volvimos a meternos en el estudio para hacer rock y sacamos un sencillo de 45 RPM al que titulé Recuerda a Lennon.

Este disco de vinilo de 45 RPM, que en su lado B tenía a Brujas, un tema que tocábamos con Promesas Temporales, fue estrenado el 9 de octubre de 1990. Salió apoyado por una organizada campaña que incluía giras de medios, grafitis callejeros, conciertos y apariciones en la TV. Recuerda a Lennon  me hizo ganar los primeros premios de la prensa radial y escrita y a partir de allí la ruta empezó a ponerse buena de verdad.

CUENTOS DEL RÍO COLGADO

Entre 1991 y 1993 fui invitado a crear bandas sonoras para excelentes obras de teatro ecuatorianas, sumé nuevos temas a algunos de sus contenidos y saqué mi primera producción como solista, Cuentos del Río Colgado. Con este CD, grabado entre noviembre de 1993 y abril de 1994, realicé muchos conciertos en el Ecuador y giras en el exterior.

Cuentos del Río Colgado me permitió acceder a todos los niveles posibles de audiencia sin diferencia de estrato social pero nada hubiese resultado sin Venenoso Batracio. Este bolerito de arrabal -grabado y puesto en el CD a última hora- me abriría inesperados caminos en mi carrera, haciéndome liquidar a todas las reglas y conceptos que yo mismo había dispuesto en mi mesa para plantearme el oficio de cantautor. En 1995 la Revista Diners Ecuador comentó: ”Cuentos del Río Colgado marca punto y aparte en la música popular contemporánea ecuatoriana, y no podía ser más que una obra del mejor compositor y músico ecuatoriano de estos tiempos, condición que va más allá del dominio técnico de un instrumento y se define sobre todo por la sensibilidad”.

GALÁPAGOS  A LA VISTA

A mediados de 1995 fui con mi familia a Galápagos, invitado por la Casa de la Cultura para dar conciertos y conversatorios de composición musical a jóvenes de las 4 islas pobladas. Esta labor me jaló irresistiblemente  a San Cristóbal, concretamente a Puerto Baquerizo Moreno. Nos enamoró su bucólico y sano ambiente, ideal para nuestros niños. Mi vínculo con Galápagos venía desde 1968, cuando un día llegué con mis padres y hermanos en uno de los primeros vuelos de la aerolínea TAME a Baltra. Esa vez, fascinado con esa isla, me negué a seguir a mi familia a sus visitas a Santa Cruz y Floreana y fui permitido permanecer en ella con mi hermano Jorge, alimentando nuestra desbocada imaginación entre sus senderos, ruinas y pista de aterrizaje abandonada. El viaje de 1995 me mantendría por los años venideros en un ir y venir de las islas, pues en mí había germinado el apremiante deseo de investigar y conocer la historia oculta de Baltra y Galápagos durante la Segunda Guerra Mundial. Ello se haría realidad al cabo de poco tiempo.

ANTOLOGÍA DEL ENCEBOLLADO

Entre 1996 y 1998 Napo y yo retomamos la ruta; esta vez en formato trío, con Hernán Martínez en la percusión. Juntamos nuestro repertorio más popular y giramos poderosamente, dentro y fuera del país. Si con Cuentos del Río Colgado ya venía trajinando duro, acompañado por los geniales chicos del grupo Karma (Christian Mejía, Ivis Flies, Johnny Ayala, Carlitos Arboleda y Esteban Torres), esta última etapa con Napo tuvieron meses repletos de todo lo que un artista ansía para ser transtornadamente feliz. Napo es el tipo más talentoso, delirante y malditamente divertido que hay sobre la tierra. Coronamos esa ruta con un CD recopilatorio, Antología del Encebollado. Grandes Éxitos de Idrovo y Napolitano, que incluía, entre otros, a nuestro megahit Gringa Loca.

Para matizar un poco el torbellino, hacia 1997 fui productor y conductor del programa radial Danza Tribal, Música Ecuatoriana Actual, dirigido a la exclusiva difusión de obras de autores y compositores contemporáneos en todos los géneros musicales. Este programa de una hora y cinco veces por semana fue transmitido durante 7 meses por Radio La Luna 99.3 FM, Quito.  Fue pionero en su propuesta y demostró con creces -¡hace casi 20 años!- cuántos creadores valiosos honraban al Ecuador. ¡O creamos o dependemos! era la consigna.

UNA PINTURA CAMBIA MI DESTINO

En medio de todos estos lances musicales que me mantenían siempre lejos del hogar, se me volvieron a juntar dos viejos amores, el dibujo y la aviación. Y a ellos he de sumar el placer de escribir. Pasó todo muy veloz. Una tarde de septiembre de 1998 fui a una librería capitalina con Jorge Coqui Villamizar, a contactar a un ejecutivo de Editorial Planeta interesado en leer textos míos. Se los hice llegar al día siguiente y un par de meses después ya tenía publicado mi primer libro, La Saga y El Gozo, una recopilación en 120 páginas de acordes, partituras, lírica musical y dibujos.

Ni bien saboreaba la difusión de esta publicación cuando una noche a principios de 1999, en casa mientras leía mi revista favorita, Air Classics, Rocío me preguntó burlona ¿nunca se te ha ocurrido ganar algo de plata con todo lo que sabes de aviación? Ese mismo fin de semana me puse a pintar un óleo sobre tela de una escena con los primeros pilotos de combate ecuatorianos junto a sus aviones. Semanas más tarde fui con mi obra a una cita con el Comandante General de la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE) para ofrecerlo en venta. El teniente general Hernán Batallas me recibió en su despacho del Ministerio de Defensa y al verlo exclamó ¡éste cuadro no sale de aquí! Seguidamente recibí su propuesta para ilustrar un libro de historia institucional que la FAE tenía en proyecto. Una vez que leí el manuscrito me atreví a proponerle ser yo mismo el autor del libro y sus ilustraciones. Luego de algunos días de deliberaciones entre los oficiales de Estado Mayor de la FAE para aceptar que “un cantante de pelo largo” sea el que dirija semejante responsabilidad, pude firmar el contrato. Todo fue posible gracias al teniente general César Naranjo Anda, caballeroso oficial quien siempre intercedió a mi favor.

Durante el proceso de investigación encontré un archivo fotográfico que contenía imágenes de la base aérea estadounidense de Baltra durante la II Guerra Mundial. Fue un momento decisivo. Coincidió que aquel descubrimiento se produjo justo cuando llegaba la fecha de tomar un vuelo para volver con mi familia a San Cristóbal. Mi plan era llegar a Puerto Baquerizo Moreno, ese ambiente tan pacífico y querido por nosotros, para la revisión final del contenido gráfico y literario de la edición.

Titulé a mi nuevo libro Fuerza Aérea Ecuatoriana. Historia Ilustrada 1910-1999 y fue presentado el 27 de octubre de 1999.  Semanas después regresamos con Rocío y los chicos a pasar otra temporada en Galápagos. Esta vez una saludablemente larga. Necesitaba bajar las revoluciones a todo aquello que en mi vida había dado importancia -quizás demasiada- y reencontrarme conmigo mismo y los seres que más amaba. Necesitaba volver a Rocío, recuperar el tiempo perdido con mis hijos.

Al cabo de unos deliciosos meses dedicados a la familia, la gestión cultural e investigar la historia de la colonización de Galápagos, los niños propusieron radicarnos definitivamente en San Cristóbal. Rocío y yo nos turnamos entonces para volver al continente a quemar las naves. Desmantelamos El Taxo, nuestra casa de huéspedes en Quito, e hicimos un mercado de pulgas para despellejarnos de nuestras artesanías, tapices, grabados, pinturas, esculturas y dibujos que tanto atesorábamos. Una vez que Rocío regresó a Puerto Baquerizo Moreno en un Hércules de la FAE, con lo más necesario para nuestro nuevo hogar, yo volví a Quito, alquilé un camión y bajé a mi casa en Guayaquil con algunos muebles y mi magnífica colección de casi 400 aviones a escala reunida a lo largo de 13 años. Puse un anuncio en internet y la rematé al mejor postor, con libros, revistas, cajas por armar y accesorios. Para empezar de nuevo tuvimos que obligarnos a dejar lo más querido atrás.

Te resumo algo más de lo que hice en esos tiempos de fines de siglo:

Música para los videos musicales y de ficción,

  • Un Hijo del Mar. Hugo Idrovo y Kino Producciones, 1988.
  • Secreciones. Hugo Idrovo y Marcelo Ferder, 1989.
  • El Hombre de la Mirada Oblicua. Santiago Carcelén, 1992.

Música para las piezas teatrales,

  • Francisco de Cariamanga. Grupo Malayerba, 1991.
  • Jardín de Pulpos. Grupo Malayerba, 1993.
  • Orquídeas a la Luz de la Luna. Grupo Tragaluz, 1993.
  • Mujeres al Rojoscuro. Grupo Rojoscuro, 1995.

Música para las cantatas y radioteatros,

  • Eugenio Espejo, Prisionero de la Libertad. Luis Dávila y Hugo Idrovo, 1991.
  • Cantata a Manuela Sáenz. Loly García y Hugo Idrovo, 1996.

Música para los largometrajes,

  • Entre Marx y una Mujer Desnuda. Camilo Luzuriaga, 1996.
  • Sueños en la Mitad del Mundo. Carlos Naranjo, 1999.

Y las producciones discográficas,

  • Video Acústico. (Varios artistas) 1995.
  • Promesas Temporales / Arcabuz. (Reedición recopilatoria ) 1996.
  • Antología del Encebollado, Grandes Éxitos de Idrovo y Napolitano.1998

Publiqué los libros,

  • La Saga y El Gozo. (Editorial Planeta, 1998).
  • Fuerza Aérea Ecuatoriana, Historia Ilustrada 1910-1999. (Ediciones FAE, 1999).

Como artista plástico:

  • Plumillas, óleos y dibujos en Las Peñas, Pasaje Municipal y Universidad Católica de Guayaquil. 1975-1978.
  • Exposiciones itinerantes EncontrArte (junto a Xavier Blum y Mauricio Suárez-Bango) en espacios verdes y áreas públicas en Guayaquil, Salinas y Quito. 1981.
  • Serie de óleos y murales en Springfield, New Jersey, EE. UU. 1982-1983.
  • Ilustraciones varias para Revista DINERS del Ecuador. 1987-1999.
  • Serie Instalaciones, junto a Marcelo Ferder. Galería Pomaire, Quito 1989.
  • Promuevo y dirijo la edición de la revista de cómics Secreciones del Mojigato ,1989.
  • Ilustro el libro Parques Nacionales del Ecuador de Jorge Juan Anhalzer. 1990.

Como artista urbano en la ciudad de Quito:

  • Mural en calles Amazonas y J. Washington (1990);
  • Mural en calles Santa María y Juan León Mera (1991);
  • Rediseño y mural en la antigua gasolinera de la calle Tarqui, sector El Ejido (1993); y,
  • Ornamentación del área y avión del Parque La Carolina (1994-1995).

Y recibí los reconocimientos:

  • Mejor Solista del Año, Revista TRAFFIC, 1991.
  • Recuerda a Lennon, Mejor Canción del Año, Revista TRAFFIC, 1992.
  • Cuentos del Río Colgado, Mejor Disco del Año, Revista TRAFFIC, 1994.
  • Gringa Loca, Canción Favorita del Público, Festival Internacional de Cultura. Sucre, Bolivia, 1998.
  • Premio SINTONIZANDO TCTV al Mejor Exponente de Música Urbana, 1996.
  • Premio RADIO PLANETA al Mejor Solista del Año, 1997.
  • Premio ELEGGUÁ a la Labor Musical, 1998.

DESPUÉS DE LA MUDANZA

Una vez instalados en Puerto Baquerizo Moreno, nos costó mucho comprobar que apenas existía identidad ecuatoriana en las islas, pues las emisiones de televisión peruana dominaban el entretenimiento familiar y habían provocado una penosa modificación de criterios ante lo político, deportivo, social y cultural. Asumí la faceta de gestor cultural independiente en procura de fomentar el desarrollo de la arqueología, el arte y la difusión de la historia humana en las islas e implementar un plan de eventos escénicos y didácticos diversos, abiertos al público y sin fines de lucro. Antes de empezar formalmente todo, viajé a Quito a reunirme con funcionarios estatales a fin de proponer la abolición de la señal televisiva extranjera y abrir caminos para las ecuatorianas. Luego, con el apoyo de la Cooperación Española y el Parque Nacional Galápagos, entre el 22 de junio de 2000 y el 31 de diciembre de 2004, dirigí el programa San Cristóbal, Capital Cultural de Galápagos y produje alrededor de trescientos eventos de capacitación y difusión de valores artísticos propios del Ecuador contemporáneo.

Paralelamente realicé las siguientes actividades en las islas:

  • Fundador y presidente de la Fundación Histórico-Cultural El Progreso para la puesta en valor de la ex hacienda El Progreso, prospección arqueológica y erección del sitio como Bien Patrimonial Perteneciente a la Nación (2001-2003);
  • Tutor de Historia Geopolítica de Galápagos. Colegio Alejandro Humboldt, Puerto Baquerizo Moreno (2003);
  • Coproductor y consultor histórico del largometraje documental The Rock, Galápagos en la II Guerra Mundial (2003);
  • Colaborador del diario El Colono, en donde mantuve la columna mensual Galápagos en la Historia (2001-2004);
  • Conferencista sobre la historia insular, con los temas: Manuel J. Cobos, Pionero de la Colonización de Galápagos y Galápagos en la II Guerra Mundial (2003-2005);
  • Activista Cultural Galápagos del Ministerio de Cultura del Ecuador (2007-2009);
  • Director Provincial Galápagos del Ministerio de Cultura del Ecuador (2009-2012).

No descuidé para nada mi carrera artística en estos años, tuve que viajar incesantemente al continente y allá hice varias cosas, entre otras:

La música para los largometrajes,

  • Ratas, Ratones, Rateros. Sebastián Cordero, 2001.
  • The Rock, Galápagos en la II Guerra Mundial. Nicolás Cornejo y Hugo Idrovo, 2003.
  • Crónicas. Sebastián Cordero, 2004 (aquí también tuve un papel como actor secundario).
  • Ecuador vs. Resto del Mundo. Pablo Mogrovejo, 2005.

Escribí y publiqué los libros,

  • Galápagos, Huellas en el Paraíso. (Ediciones Libri Mundi, 2005).
  • Baltra-Base Beta, Galápagos en la II Guerra Mundial. (La Palabra Editores, 2008).

Grabé para las producciones discográficas,

  • Trovadores de Galápagos. (Varios artistas) 2003.
  • Quito, Tierra de Luz. (Varios artistas) 2004.
  • Música del Último Paraíso. (Varios artistas) 2005.

Además,

  • Tuve varios conciertos como intérprete de clásicos de la música ecuatoriana en los eventos ¡Idrovo Pasillero! (Quito, 2007, 2008);
  • Compuse música y participé en el espectáculo conmemorativo del Bicentenario de la Revolución de Agosto, 1809, Vientos de Libertad, celebrado en vivo en la Plaza de la Independencia (Quito, 2009);
  • Compartí escenario con Silvio Rodríguez, en el Estadio Modelo Alberto Spencer (Guayaquil, 9 de agosto de 2009). Un par de días después de esta actividad, Silvio llegó con su familia a San Cristóbal y pasamos una semana muy entretenida;
  • Giré con la Orquesta Sinfónica Nacional del Ecuador, cantando pasillos con Pepe Jaramillo y promocionando el espectáculo y CD Navidad Sinfónica (2010);
  • Compartí escenario con Pablo Milanés, en el Teatro Ágora de la Casa de la Cultura Ecuatoriana (Quito, 2010) y,
  • Compuse música y participé en el Radioteatro Cruces sobre Noviembre de Lola García (Guayaquil, 2010).

Recibí otros reconocimientos:

  • Medalla y Pergamino al Mérito Cultural y Artístico, H. Congreso Nacional del Ecuador, 2006.
  • Medalla y Pergamino Al Mérito Cultural, Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, 2006.
  • PROMESAS TEMPORALES, Grupo de Mayor Influencia, Estatuilla de Honor Radio Hot 106, 2006.
  • HUGO IDROVO, Artista de Mayor Influencia, Estatuilla de Honor Radio Hot 106, 2006.
  • HUGO IDROVO, Mejor Artista Permanencia, Municipio del Distrito Metropolitano de Quito, 2007.
  • HUGO IDROVO, Mejor Artista Fusión, Premio MBN, Mis Bandas Nacionales, 2007.
  • Placa A las Virtudes Cívicas y Artísticas. Gobierno Provincial de Galápagos, julio 2009.
  • Placa Por la Contribución al Desarrollo Cultural de la Provincia de Galápagos. Parque Nacional Galápagos, julio 2009.
  • Trofeo y medalla Ecuador es lo Máximo a la Trayectoria Artística. Radio Pública del Ecuador, agosto de 2010;
  • Placa Al Mérito Artístico y Cultural. Consejo de Gobierno del Régimen Especial de Galápagos, noviembre de 2010.
  • Placa Por el Meritorio Apoyo al Desarrollo del Surfing en las Islas Galápagos. Team REEF Latino de Surf, febrero de 2011.
  • Trofeo Noviembre, Canción Imprescindible 2011 Categoría Trova. Radio Pública del Ecuador, noviembre de 2011.

ROSCOE BOULEVARD

En agosto de 2011 presenté por fin mi nueva producción musical, Roscoe Boulevard. No lo hice como CD sino a través de mi página web, en forma de álbum de descarga gratuita, pues había dejado de creer en el CD como producto artístico de valor comercial. Mi música estaba siendo pirateada tan a mansalva que una vez en la calle me compré un CD doble de “Solo Éxitos” de mí mismo, a… ¡un dólar!

Si tanto sufrimos por querer cambiar al mundo, por conservar y salvar al planeta, rescatarlo de este oprobioso sistema capitalista y consumista que lo ahorca, pues quise que mis canciones, fotos, dibujos, pinturas, acordes y letras sean completamente gratis para ti y para todos. De alguna manera seré retribuido y no precisamente con plata. En esta vida hay demasiadas riquezas que no tienen valor. Es mi alternativa y riesgo, asumir mi posición de artista ajeno al negocio, la lámpara y la televisión basura.

Roscoe Boulevard involucró a mucha gente: familia, amigos, músicos, técnicos, artistas, fotógrafos, diseñadores gráficos. Fue como ir sembrando y cosechando en chacras diferentes y espaciadas, pacientemente. Pasé por 5 estudios de grabación en el Ecuador, uno en Brasil y un concierto grabado en vivo en Guayaquil para llegar al acabado.

 

LA GESTIÓN PÚBLICA

En febrero de 2006 me uní a Rafael Correa y su campaña presidencial. Fue la primera vez que mi voz y guitarra apoyaban a un líder y proyecto político. A despecho de lo que algunas personas han creído, no he sido nunca un artista neutral. Hace mucho que tomé partido, gracias al ejemplo de mis padres, las contradicciones que viví en el colegio y una campaña de alfabetización que dejó profunda marca en mí. Me declaro libertario, bolivariano y alfarista.  En octubre de 2007, una vez creado el Ministerio de Cultura del Ecuador, el ministro Antonio Preciado, conocedor de la labor que desde 1999 venía yo desarrollando en las islas, me llamó a su despacho para ofrecerme la delegación en Galápagos. Asumí el activismo cultural con todas mis energías, gestioné y conseguí la creación de la Dirección Provincial en 2009 y luego, al frente de ella, cumplí importantes logros hasta mi salida, en julio de 2017.

 

FERMENTACIÓN FATAL

En aquel marzo de 2012 volví a tierra firme, con ganas de girar y grabar canciones en formato esencial: guitarra y voz. Rocío y yo viajamos mucho por Costa y Sierra, disfrutando de paisajes y amigos, entrevistas y grabaciones, conciertos en estadios, teatros, auditorios y bares. Entre estos últimos tuve un par de noches con Napo; salimos a un escenario cuencano como Los Maduros y, ¡faltaba más!, fue demasiado entretenido. En fin, cada recital me dejó algo lindo en el corazón, pero el festival internacional Todas las Voces Todas de ese año en Quito me dio el regalo más bello de todos, estar con Joan Baez. Conocer personalmente a uno de mis referentes musicales, sentirla cerca y charlar con ella en su camerino fue inspirador.

 

Fermentación Fatal se grabó y editó en junio de 2012 en Ave Producciones, Quito, con Claudio Durán. Las canciones vienen principalmente de mi repertorio solista; otras dos que salieron allí mismo en el estudio fueron matizadas con arreglos y otros instrumentos. A las demás convenimos grabarlas con crudeza a fin de conseguir privilegiar la comunicación del sentimiento antes que lo técnico. Claudio fue muy prolijo con la producción, microfonía, ecualizaciones, texturas, niveles y frecuencias, para conseguir que casi todas las canciones sean de primera toma en la grabación.

 

AHORA MISMO

La vida en Galápagos me ha permitido disfrutar al máximo de la familia, algo que yo mismo me lo negué durante los viejos tiempos de locura. Estar junto a mis hijos, crecer con ellos y los nietos es un regalo inmenso, incomparable; de allí que entre mayo de 2012 y agosto de 2013, por amor al mar y el deporte que mis hijos Fede y Toto practican con devoción, fui presidente del San Cristóbal Surf Club. En lo más íntimo y personal, me propuse dedicarme a aumentar mi nueva colección de aviones a escala 1/72. Así pude introducirme más y más en el oficio de escribir ensayos históricos acerca de las islas. De suyo, en 2013 publiqué una segunda edición corregida y aumentada de mi libro Baltra-Base Beta. Galápagos y la II Guerra Mundial y como parte de su difusión, ofrecí disertaciones con el tema Salinas y Galápagos en la II Guerra Mundial. También me mantengo en actividades permanentes como asesor histórico del Museo Aeronáutico y del Espacio de la Fuerza Aérea Ecuatoriana y en 2014 fue reeditado mi libro Fuerza Aérea Ecuatoriana, Historia Ilustrada.

 

He tenido también el placer de cantar temas tradicionales o villancicos, acompañado por la Orquesta Sinfónica Nacional del Ecuador o la Orquesta Sinfónica de Guayaquil. He compartido micrófonos y escenarios con grandes artistas ecuatorianos, como el inmortal Pepe Jaramillo, Fresia Saavedra, Héctor Jaramillo, los hermanos Miño Naranjo, Margarita Laso, Lindberg Valencia y los grupos Pueblo Nuevo y Quimera. También he colaborado con músicos de la joven generación que me sigue, sea en conciertos o grabaciones de lo más surtido en género e intención. Entre ellos están Fernando Pacheco, Christian Valencia, Ricardo Pita, el dúo Esto es Eso, el Trío Fulminante, los grupos Karma, Cacería de Lagartos, Rocola Bacalao, Niñosaurios, Sal y Mileto y Arkabuz. De lo último en estudio, he puesto mi voz para los excelentes temas: Qué Mala Idea Fue, de  Marley Muerto (2012); Algo que Germina, del grupo Jodamassa (2013) y Santita, de Sudakaya, con el grupo Jazz the Roots (2015). Publiqué también, con arreglos de mi carnal Alex Alvear, mi canción El Viejo, que fue parte del repertorio de Promesas Temporales, en el CD Antología del Silencio (2014).

 

También di un pequeño concierto en la Antártida, el 14 de febrero de 2014. Fue en la Estación Científica Pedro Vicente Maldonado, que desde 1990 el Ecuador mantiene en la isla Greenwich, continente antártico. Viajé el 30 de enero de 2014, como invitado del INAE, Instituto Antártico Ecuatoriano, en el marco del proyecto ARTEA-Residencia Sur Antártida, dirigido a incentivar a artistas para crear obras que vayan acordes a las normativas ambientales que rigen en la Antártida, así como generar actividades y productos orientados a generar una Cultura Antártica en nuestro país. Pisar la Antártida, un 2 de febrero de 2014, fue más que inspirador. Se trató de un sueño infantil hecho realidad, pues entre los 8 y 11 años de edad viví cautivado por mis lecturas de hazañas a cargo de exploradores como Amundsen, Scott, Byrd y, muy especialmente, Ernest Shackleton. De esta inolvidable aventura, que se extendió hasta el 19 de febrero de 2014, surgió un proyecto audiovisual que estoy muy cerca de terminar.

 

Entre enero de 2015 y abril de 2016 publiqué 4 singles que ahora van juntos en el álbum de descarga gratuita Wambázii.  A continuación, se sucedieron un par de momentos muy significativos para mi carrera: en mayo de 2017, en Quito, recibí la condecoración Vicente Rocafuerte al Mérito Cultural por parte de la Asamblea Nacional y en junio me incorporé como miembro de la Academia Nacional de Historia, en un concurrido acto celebrado en San Cristóbal. En este ofrecí la disertación Manuel J. Cobos y su Tiempo. La colonización definitiva de Galápagos, 1879-1904. 

Entre julio y septiembre de 2017 volví a Quito para trabajar en nuevas grabaciones, que estarán contigo desde octubre en un nuevo álbum, titulado 60s. Te dejo entonces con parte de mi obra musical, literaria y plástica. Es toda tuya, disfrútala y compártela porque para eso está. Por el momento la literatura sigue ocupando un espacio especial en mi carrera, lo mismo que el dibujo, el mar y mi familia. El odio no cabe en mí, la violencia no es mi condición.

Karma Positivo siempre. Amor y Gratitud.